Centro Recreativo "PEÑA HISPALENSE"

Introducción

Pocos acontecimientos encuentra uno en el ámbito de las costumbres sociales, tan interesante como la Feria de Abril de Sevilla, particularmente si se la contempla en su proceso de formación desde el origen a nuestros días.

Es altamente curioso que una fiesta cuyo objetivo inicial consistió en el ejercicio de una actividad de mercadeo agrícola-ganadero, se haya transformado con el discurrir del tiempo en una plataforma para la relación social, sin otra finalidad que la diversión entendida a la sevillana manera, que es algo diametralmente distinto al tópico de la juerga, tan extendido entre quienes, sin conocerla, la imaginan enmarcada en el rancio cliché del trasnochado tipismo.

Nunca se pudieron imaginar sus fundadores – para más paradoja un vasco y un catalán – que su iniciativa, puramente economicista y utilitaria, además de casi enviar al baúl de los recuerdos a la ancestral feria alfonsina de San Miguel, fundada en el siglo XIII por el Rey Sabio, habría de devenir en esa bella inutilidad que apuesta por el ocio frente al negocio, crecida bajo la luminosidad única del Real abrileño.

Y es que Sevilla, con su probada capacidad para el mestizaje, es ciudad capaz de transformar, en síntesis esplendente, los más variados y diferentes modos de entender la vida: desde los económicos, pasando por los culturales, profesionales o familiares.

De ahí que la crónica histórica que sigue descubra, subyaciendo y latiendo entre sus líneas, aspectos que tocan de alguna manera estos diferentes cauces que confluyen en la formación ferial sevillana a lo largo del tiempo, haciendo posible esa realidad gozosa que es la caseta, mi caseta, nuestra caseta.

En efecto, a poco que fijemos la atención en el despliegue histórico de nuestra Peña Hispalense, descubriremos cómo una iniciativa surgida en torno a un grupo profesional, con el paso del tiempo se fuera convirtiendo en algo más que una entidad corporativa. Económicamente, creció y se fue haciendo cada vez más compleja, buscando respuestas adecuadas de cara al futuro. Socialmente, se abrió a la incorporación de personas procedentes de otros sectores profesionales.

Su diseño, expresión formal de la cultura hispalense, tan aficionada a la grandeza de lo efímero, pasó de la simpleza de lo imprescindible al barroquismo sin par de los encajes, las arañas, las cornucopias, y en fin ese largo etcétera que ha hecho posible esa acumulación de premios, galardones continuados del que pocas casetas pueden presumir como esta nuestra "Peña Hispalense". Pero sobre todas estas características, resalta ese ambiente familiar que hace posible que cuando estamos disfrutando del Real nos sintamos como en nuestra casa. Y es este carácter familiar, esta prolongación de la casa de cada cual, lo que proporciona personalidad y distinción a la Feria de Abril sevillana gracias a la configuración privada de sus casetas.

La gente foránea no suele entender este signo distintivo que es la proyección de la familia en la formación del ambiente singular de la caseta. De ahí esa crítica, tantas veces sin fundamento, sobre la inaccesibilidad que las mismas muestran a los ajenos. Y digo sin fundamento, ya que, salvo excepciones, rara es la caseta que radicaliza la prohibición de su entrada hasta extremos que vayan más allá de la lógica salvaguarda de la familiar intimidad frente a posibles agresiones externas derivadas de la mala educación, la grosería o el desconocimiento de su estilo.

Breve Historia

La idea de montar una caseta en la Feria de Sevilla surgió entre un grupo de compañeros de trabajo y amigos amantes de la Feria de Abril, con objeto de poder coincidir en esos días inigualables, acompañados de sus familiares, en un lugar común.

 

La primera autorización municipal, que se dio con mucho retraso, fue en 1.966, y dado que no había sitio en el Prado de San Sebastián, lugar habitual de la Feria, el primer lugar donde se montó la caseta, junto a otras, fue en la misma Glorieta del Cid, en espacio pegado a este monumento y en pleno adoquinado. La totalidad del mobiliario - sobre todo mesas y sillas - nos fue cedido por el familiar de un socio que regentaba un cine de verano y lo tenía almacenado a la espera de su temporada. El resto se cubrió de flores de papel y farolillos comerciales, junto a aportaciones decorativas particulares de algunos socios.

Fue una experiencia muy positiva, el ambiente familiar y entrañable de que gozó siempre nuestra convivencia, que a partir de entonces se constituyó en seña de identidad y nexo de unión de todos los que formábamos parte de la misma. A partir de aquella fecha inicial, la caseta se montó todos los años aunque en distintos sitios del Real de la Feria, y en muy distintas circunstancias. Por ejemplo, recuerdo que ocupamos durante varios años una calle lateral del campo de feria que llegaba hasta la torre sur de la Plaza de España

En 1973 se trasladó el Real de la Feria, del Prado de San Sebastián - lugar de su asentamiento desde 1.847 - a Los Remedios, fijándose sobre un espacio urbanizado para este fin en el que hasta hoy se sigue celebrando. La causa del traslado, a más de los planes urbanísticos del momento, residió en la falta material de espacio para instalar las numerosas casetas ya autorizadas, y las no menos que esperaban autorización, problema que hoy mismo, una vez más, se sigue planteando y que algún día habrá de resolver el Ayuntamiento.

Nuestra ubicación en el nuevo Real no fue fácil. El primer año estuvimos instalados en la calle Pepe Hillo 45-49, la parcela que nos adjudicaron hacía esquina con Juan Belmonte, y hay que anotar, como anécdota, que al estar situada junto a una de las portadas de la Feria - entonces contaba con varias - y derrumbarse ésta a causa del fuerte viento que azotó el ferial aquel año, la caída pudo afectar seriamente a nuestra caseta, aunque gracias a Dios no ocurrió nada grave.

Este incidente coincidió con la desaparición del Círculo Hispalense, entidad que contaba con un magnífico sitio en la Feria; a la vista de tales hechos surgió la acción eficacísima e inmediata, que culminó con el logro, el año 1974, de la autorización para ocupar en el Real de la Feria el lugar que tenía concedido el referido Círculo Hispalense, que es el que desde aquella fecha venimos disfrutando en la calle Gitanillo de Triana 35 y 37.

La utilización durante varios años del espacio concedido para la instalación de la caseta en el Real de Los Remedios, dada su gran extensión, fue limitada. Aunque la estructura la seguía montando la empresa de tubos metálicos, solo utilizábamos prácticamente la mitad de la parcela, quedando el resto de la caseta, en la parte de atrás, al aire libre porque entonces no se disponía de material suficiente para cubrirla.

Este mismo año, se concedió a la Escuela de Hostelería la gestión del bar y la cocina de la caseta, utilizándose por primera vez camareros en las mesas. La experiencia no fue mala del todo, pero no obstante se acordó no repetir.

En la Feria del año 1.983, se inauguró la nueva estructura metálica de la caseta hecha a medida, según plano, por el gran mecánico especialista, muy amigo de la mayoría de los socios y montador de la misma desde el principio de su funcionamiento.

Otra inauguración digna de destacarse en el mismo año, fue la de los servicios higiénicos, con estructura de aluminio y madera - de los que hoy todavía disfrutamos -, realizados a título gratuito por uno de nuestros socios, que también mejoró notablemente el alcantarillado de los mismos y su enlace con la red general.

A esta altura de nuestra pequeña historia, el Patrimonio de la Sociedad era ya considerable, y particularmente desde la realización de la nueva estructura metálica, cuestión que planteaba todos los años el problema de su almacenamiento después del desmontaje. Otro de los problemas que planteaba la nueva caseta, fue el de la decoración, y naturalmente aquellos otros derivados de su montaje.

El año 1.984, figura en los presupuestos de la Caseta la confección de los encajes de la parte anterior de la misma, gracias a lo cual se cambia la pesadísima tarea de cubrir el techo con paneles que había que llenar con flores de papel, lo que siempre suponía el trabajo más dificultoso del montaje.

En la Feria del año 1.995, nos presentamos por primera vez al concurso de casetas organizado por el Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, en el que conseguimos el segundo premio. Fue el último año que se concedía este galardón en esta categoría. A partir de aquel año, nos fuimos presentando con regularidad a este concurso, en el que solo era posible participar cada tres años, y hay que resaltar que posiblemente, a partir de aquella concesión, no haya ninguna caseta en la Feria de Sevilla que haya obtenido tantos primeros premios como la nuestra, con carácter sucesivo, ya que lo conseguimos en los años 1997, 2000, 2003, 2006 y 2009.

En 1995 consta por primera vez una cita referida al Escudo de la Sociedad, que años antes había diseñado y propuesto su creador, y adoptado de manera tácita como propio por el conjunto de los socios. Consistía, en su versión de solapa, en un rectángulo en cuyo perímetro consta el nombre de Centro Recreativo Peña Hispalense, enmarcando en su parte central un acróstico compuesto con las iniciales de este mismo nombre.

En 1.996 se acuerda la renovación total del mobiliario principal de la Caseta, ya enormemente deteriorado por su uso, los transportes y las inadecuadas condiciones de los lugares de almacenamiento. Nos referimos al estreno del mobiliario sevillano que aún disfrutamos, compuesto principalmente por mesas y sillas para el primer cuerpo de la Caseta, encargada su hechura a una casa especializada de Galaroza, que pintó en sillas y mesas el anagrama de la Peña Hispalense.

En Junio de 1.999, con el pensamiento puesto en el siguiente año, se propone un cambio decorativo importante que consistió en modificar la cercha del primer cuerpo de la Caseta, lo cual permitiría su elevación varios metros, y con ello la posibilidad de colocar en el centro una gran lámpara tipo araña, que es la que aún hoy disfrutamos. La culminación de este proyecto supuso un avance decorativo espectacular.

Posiblemente como consecuencia de esta novedad decorativa y de los numerosos cambios introducidos en el embellecimiento de la Caseta, en la Feria de Abril del año 2.000, como ya queda dicho, se volvió a obtener el primer premio otorgado por el Excmo. Ayuntamiento de Sevilla.

Es digno de reseñar que para la Feria de 2001 se contrató, por primera vez, un grupo profesional de sevillanas cuyos resultados se estimaron positivos por la mayoría de los Socios que lo disfrutaron.

En 2002 se acometió la nivelación del suelo de la Caseta, tarea nada fácil, ya que su precipitada como generosa primera realización, se había llevado a cabo sin los instrumentos técnicos necesarios y adecuados, lo cual ocasionaba numerosos problemas, sobre todo de inundaciones y concentración de aguas en algunos sitios.

Nuevamente en el año 2003, la Caseta obtuvo el primer premio de la Feria de Sevilla, galardón que deja constancia expresa del cariño y la dedicación de sus Socios, a la vez que supone un claro testimonio del nivel decorativo y artístico conseguido.

Una vez más, en la Feria del año 2.006, la Caseta se presentó a concurso y obtuvo de nuevo el primer premio, por lo que bien puede predicarse que este sucesivo recibir galardones se había convertido en costumbre, cosa que dice mucho del nivel conseguido en la decoración del conjunto, y el cuidado de los detalles de la Caseta.

En la actualidad, una nueva época ha empezado en nuestra asociación, y como toda historia de algo vivo, esta que ahora se acomete, con el transcurrir de los años, se seguirá escribiendo conforme a los acontecimientos que se vayan sucediendo en torno a esa pequeña parte de nuestras vidas que compartimos bajo este entrañable entorno: nuestra Peña Hispalense.

 

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